La crisis de los partidos políticos en el salvador diario el mundo large green apple calories

Parece que los acontecimientos y el proceder de estas agrupaciones en nuestro país nos muestran que son meras “facciones” políticas, más que partidos políticos en el sentido sustancial que la teoría política más selecta nos enseña.

La crisis de representatividad en que han caído los partidos políticos salvadoreños en los últimos años, particularmente en la última década, se debe a varios factores, pero principalmente al agotamiento del modelo político partidario asumido en el salvador en la post-guerra, y al tremendo poder político que se les transfirió como parte de los acuerdos de paz, así como a la falta de adaptación y conexión a las necesidades de la población, supeditadas a los intereses de cúpulas partidarias; todo ello facilitado por la ausencia de un marco regulatorio en materia de partidos políticos, hasta hace relativamente muy poco tiempo.


La representatividad dentro de las democracias sólo puede ser alcanzada en aplicación de la regla de la mayoría -si en verdad tales regímenes políticos desean llamarse enteramente como democráticos-, y esto sólo se puede lograr a través de la toma de decisiones de la comunicad, a través de los órganos colegiados supremos.Meras “facciones” por ello, el punto fundamental a tener en cuenta es el elemento de la legitimación del poder proveniente de las mayorías, puesto que de ello dependerá la ponderación que hagamos de la naturaleza y realidad de las entidades intermedias en que son los partidos políticos y luego de eso hacer la extrapolación a la realidad salvadoreña.

El punto aquí es el siguiente: ¿son los llamados “partidos políticos” en el salvador en términos formales, verdaderos partidos políticos en el sentido de la unidad de propósitos de un colectivo de personas para resolver los grandes problemas del país, o son meras “facciones” en términos de defensa de intereses particulares, grupales o personales, por encima del genuino interés en la solución de los grandes problemas de país?

Los partidos son actores quizás irremplazables del escenario político. En las democracias desempeñan importantísimas tareas, y en los estados no democráticos tienen también ciertas finalidades.Meras “facciones” se ha dicho, no sin razón, que el estado moderno es un estado de partidos por el lugar central que ocupan no sólo en la integración de los órganos de representación y de gobierno, sino también por sus funciones de intermediación entre el estado y la sociedad civil.

Por su importancia, los partidos son organizaciones que crean y sustentan muchas de las instituciones del estado. Desempeñan funciones sociales y políticas imprescindibles en una democracia, al grado de que no hay en este momento entidades capaces de sustituirlos. Sin embargo, cuando no existen los suficientes controles democráticos, algunos partidos pueden apoderarse de las instituciones y constituirse en medios perversos y degenerativos.

Sin dudas, parece que los acontecimientos y el proceder de estas agrupaciones en nuestro país nos muestran que son meras “facciones” políticas, más que partidos políticos en el sentido sustancial que la teoría política más selecta nos enseña; y algunos de estos, incluso actúan como sectas políticas, un término aún más primitivo y anacrónico en el lenguaje político.Meras “facciones”

Este atraso nos ha llevado como país a que, en un sistema político diseñado para que los partidos políticos actuaran como tales debido al tremendo poder que se les delegó por constitución, éstos, al no haberse podido convertir en verdaderos partidos políticos en su práctica política, a que el poder real político esté en manos de facciones, e incluso de grupos con pensamiento sectario.

Ahora bien, si lo mencionado es así, cabe preguntarse sin dudas, si el verdadero problema está en el actual sistema político que les otorga tanto poder a los grupos políticos partidarios -sin quizá realmente serlos- o el problema está en que las “facciones” no pudieron nunca despojarse de su naturaleza de ser tales, no habiendo evolucionado a verdaderos partidos políticos, e incluso algunos con pensamiento sectario.

La respuesta a la anterior interrogante es crucial, pues de ella dependerá poder saber y determinar cuál es la solución a la grave crisis institucional vivida en el país en la post-guerra.Nuestro país por ello debería pensarse quizá que lo mejor sería refundar la república, hacer una nueva constitución que de raíz defina claramente los poderes que les dará a los grupos políticos partidarios, estableciendo su control, la obligatoriedad de su regulación legal estricta, establecimiento de parámetros y hasta de definición de su función y papel, que pueda incluso para servir al control judicial. Pero esto de poco o nada servirá si los partidos-facciones siguen actuando como tales, esto es, velando por sus intereses mezquinos, grupales y/o personales, por encima de a los del colectivo. Es éste el sistema del engaño y el fraude político –incluso electoral- institucionalizado y en funcionamiento en nuestro país y es el responsable del estado calamitoso de cosas en que nos encontramos.